#OrigiReto2018. Febrero (I). El contraataque

¡Hola a todos!

Vuelvo con otra entrada de este maravilloso reto de escritura creativa de  Stiby y Musajue. Como os comenté en el relato de enero, podéis apuntaros todavía a este fantástico reto en las entradas en las que se explican las bases del mismo y podéis ver los relatos de los participantes y su clasificación. Las entradas son esta en el blog de Stiby y esta otra en el blog de Katty.

En este primer relato del mes, he hecho una primera escritura y luego lo he rellenado un poco. No he querido intentar llegar a las 1000 palabras, puesto que en el anterior relato (el único que hice en enero), me costó mucho conseguirlo, así que he preferido no forzar la maquinaria y escribir algo sin presiones, según surgiera. Es una forma de escribir que me funcionaba en el pasado, así que para retomar este hábito de escribir, he decidido que mejor despacito y con buena letra, aunque no consiga todos los OP (aka: origipuntos) y me duela en mi alma adicta a rellenar casillitas de puntos o logros 😦

¡Espero que os guste!

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El contraataque

Cuando me ofrecí como voluntario para formar parte del plan de liberación de la tierra, no pensé que una de las cosas que me pedirían sería ésta. Seguramente se me debería haber pasado por la cabeza.

Je.

Cabeza.

Miro mi reflejo en el espejo. Hace más o menos un siglo todos llevamos el pelo largo. Largas melenas, a menudo enmarañadas por el combate constante. Melenas que nos permiten identificarnos como humanos.

Cuando los alienígenas llegaron a la Tierra, no se parecían demasiado a nosotros. Pero su capacidad de combate era muy limitada. Sin embargo, aquí estamos, combatiéndolos. Extraño, ¿no?

Pese a no parecerse, no tardaron mucho en confundirse con un humano normal. Su capacidad de adaptación les permitía formar carcasas en las que meterse, en las que pasar por humano y mimetizarse en el ambiente. Sin embargo, pese a poder crear un tejido sintético extremadamente parecido a la piel humana y que sólo se distinguía al tocarlo, hubo una cosa que nunca pudieron simular. El pelo.

El pelo humano, a veces rizado, a veces liso. En ocasiones naturalmente claro y otras veces tintado. Ese pelo que en un día húmedo se encrespa, y que empieza a romperse después de dejarlo crecer. No supieron emularlo. Ni aún ahora, después de colarse por todos los huecos de la sociedad.

Así que lo compran. Grandes pelucas de pelo natural en el mercado negro. Antes las usaban los pacientes con cáncer. Ahora, al haberse colado en la mayoría de los sistemas de gobierno, consiguen ese pelo en el mercado negro. Ya no hay pelucas contra el cáncer. Porque ya no se cura a humanos.

Lentamente, se infiltraron en todas las estructuras de poder. Invadieron los gobiernos, fuerzas de seguridad, los colegios, los servicios de sanidad.

La última noticia es que se ha erradicado el cáncer, al igual que otras muchas enfermedades. Ahora los enfermos son meros casos anecdóticos. Pero mi gente sigue muriendo. Las enfermedades ya no existen, porque no se diagnostican. La sanidad es una enorme mentira, la han mantenido para que algunos aún sigan con la falsa esperanza de que nada ha cambiado. Para que los pocos que estimamos que quedamos no nos alcemos en masa contra ellos.

Así que la única forma de derrocarlos es fingir ser uno de ellos.

Por eso miro mi reflejo antes de que me corten el pelo. La larga melena oscura. Por supuesto, también tendrán que afeitarme. Tendré que cuidar que nunca me crezca demasiado, más allá de la sombra que se maquillan todos los días. No debo despertar sospechas.

Hoy comienza el contraataque.

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Y eso es todo. Como habéis podido ver, corresponde al ejercicio 22: ‘Relata una situación en la que alguien se vea obligado a cortarse el pelo por un motivo fuera de lo corriente’. ¡Espero que os haya gustado!

Os dejo la pegatina, no sin antes daros muchísimas gracias por pasaros por aquí y haber llegado hasta el final :3 ¡Gracias!

febrero01

#OrigiReto2018. Enero (I). Olvidar

¡Hola!

Este año me he propuesto seguir un reto de escritura. Consiste en escribir 24 relatos, 2 por cada mes, a lo largo de este año. La idea ha sido llevada a cabo por Stiby y Musajue, y podéis ver sus entradas de información de los retos en este y este enlace, respectivamente. Si os interesa, pero creéis que es un poco tarde, ¡no lo dudéis, podéis reengancharos! Sólo tenéis que ir a las entradas e informaros.

El caso es que… hoy os traigo el primero de mis relatos de enero. Sí, lo sé, igual es un poco tarde… jaja

Hace muchísimo, pero muchísimo tiempo que no escribo. Me ha costado bastante llegar a las 1000 palabras, pero lo he conseguido. Y aunque parezca una tontería, estoy contenta porque siento que puedo volver a ponerme a escribir.

Mañana (o pasado) traeré el segundo relato de este mes. De momento os dejo con este (más tarde, hoy mismo, actualizaré la entrada con la pegatina del reto y los puntos cumplidos por el momento). Espero os guste, o que al menos no sea una muy mala lectura.

 


 

Olvidar

Mis pasos resuenan en el hall del hospital. Casi está vacío, exceptuando un par de bedeles que están abrillantando el suelo. Es bastante tarde. El sol se está ocultando y, mientras me dirijo hacia el parking, sólo oigo el retumbar de mis latidos en mis oídos.

Ya está, me digo. Ya está, he llegado a este punto. Lo he decidido. Y estoy sola.

Abro el maletero del coche y dejo, no sin cierta dificultad, la bolsa que ahora llevo a todas partes, por si ocurriera cualquier cosa. Habría quien se preguntaría por qué nadie me ha acompañado al hospital hoy. Pero nadie me ve. No hay nadie para oírme. Nadie se pregunta qué hace una mujer embarazada sola en un hospital.

Ni siquiera los médicos que me han acompañado en las pruebas han preguntado cosa alguna. Ya me conocen. Conocen mi situación, conocen mis dilemas. Callan.

Aunque quizás no es tan raro realmente. Será que siempre imaginé este momento acompañada, y no sola. Por desgracia, me temo no ser la única mujer que ha pasado alguna vez por esta situación. Sin embargo, eso no hace que sea mejor. O que me sienta menos sola. O que duela menos cada día.

Siento que nunca dejará de doler.

Arranco el coche y, pese a que intento obviar esa idea venenosa que hace tiempo que estoy intentando eliminar, noto que sigue ahí. Al acecho. Esperando el mejor momento para salir. Sobre todo cuando estoy sola. Aunque siempre estoy sola. Así lo he decidido.

Pero hoy el veneno está ahí con más fuerza que nunca. Y sé perfectamente por qué está ahí. Renovado. Pudriendo mi alma hecha añicos. Está más presente que nunca porque lo he sabido. Hoy lo han dicho.

Es un niño.

No es que sea algo malo, me digo mientras conduzco a la salida del aparcamiento. No es algo malo en absoluto. Pero hubiera preferido no saberlo. Prefería que la idea de un bebé sin aspecto, sin nombre y sin género siguiera ahí. Sin género. Sin sexo. No quiero saberlo.

No quería saberlo.

No necesitaba conocer nada más de él. No necesitaba más de este ser que llevo en mi interior y que crece día a día. Bastante hice con elegir, cuando no había más que hacer. Cuando el daño ya estaba hecho. Cuando nadie podría ya hacer nada por mí.

Me dieron dos opciones. Pude elegir el otro camino. Algunos dirían que habría sido el más fácil, pero ninguna de las opciones lo era. Cualquiera con dos dedos de frente lo sabe. Pero elegí que siguiera dentro de mí. Que el resultado de una de las peores noches de mi vida siguiera en mi vientre, creciendo.

Lo engendré. Lo llevaré conmigo hasta el final. Lo pariré. Pero no seré su madre, ni él será mi hijo. No es mío.

Nunca lo fue.

Es hijo de nadie. No tendrá una preciosa historia de amor detrás de su existencia, como casi ninguno de nosotros la tenemos en realidad. Sin embargo, espero que su vida sea más benévola. Que pueda empezar con un lienzo en blanco. Que no tenga un estigma. Que yo no sea su madre. Que nunca le pueda mirar con reproche.

No es su culpa.

He pedido que quienes lo quieran no sepan bajo qué circunstancias llegó a este mundo. No quiero que tengan tanto miedo como yo. No quiero que sepan que su padre era nadie. Un asaltante, que me eligió en medio de la noche. Que me violó. Que nunca vi su cara, y por ello vivo huyendo y con miedo.

El hospital está en las afueras de la ciudad, así que callejeo muy poco hasta que me encuentro en la carretera comarcal que lleva a la casa que he alquilado en las afueras de la ciudad.

Les he dicho a todos que necesitaba un respiro. Pedí una excedencia, mentí. A todos les dije que quería trabajar en una nueva novela. Incluso a quienes no conocían esa faceta mía. Antes me daba vergüenza admitir que escribía, que me gustaba vivir en otros mundos.

Ahora me avergüenzan otras cosas.

Como el pensar que una pobre criatura va a ser igual que aquel cabrón que me atrapó una noche de verano. Como el pensar que el pequeño que llevo en mi vientre llegará un día en el que esperará en una esquina, tapará con su mano la boca de otro pobre ser infeliz y lo llevará lejos de donde nadie pueda oírlos. Me da vergüenza admitir que me da miedo que algo tan puro se convierta en algo tan deleznable. Pero soy incapaz de pensar en otra cosa.

La carretera sinuosa se adentra en el monte, tan cercano a la ciudad pero a la vez tan oculto por ella misma. Nadie me busca. Nadie pregunta. Me pregunto si alguien lo habrá averiguado. Si también tendrán vergüenza.

El silencio es atronador.

En algún momento he pensado que no sería tan malo criarlo. Pero ya es tan tarde. Estoy aislada. Me he apartado y ya nunca podré volver. Sin embargo, ahí está, latente. La idea sigue ahí. En mi cabeza. El remordimiento agita mi conciencia.

Pero yo estoy tranquila.

No lo criaré. No seré tan ingenua de pensar que podré hacer de él un buen hombre, si ni siquiera al oír sus latidos he dejado de pensar en por qué lo tengo dentro de mí. En que fuera como fuese, podría hacerle esto mismo a otra persona.

No.

Debe tener la oportunidad de ser cuidado y mimado por alguien mejor. Alguien que no esté hecho pedazos. Alguien que no haya tenido la necesidad de huir. De esconderse. De desaparecer. Debe poder ser normal.

Ser feliz.

Equivocarse.

Debe tener la oportunidad de ser alguien bueno. No ser el reflejo de algo que nunca debió suceder. Debe ser libre de no sentirse mal cada vez que alguien le mire. Y yo no podría. Sé que no podría.

Veo algo a lo lejos, en la carretera.

Ojalá fuera un nuevo comienzo, algo que me permitiera olvidar.

 


Edit:

Añado la pegatina de los puntos 🙂

enero01

En cuanto pueda me pasaré por los demás retos publicados. Si habéis participado, no dudéis en dejarme el enlace.

¡Un saludo!

Mi experiencia con ‘El Clásico’ (y no, no es un partido)

¡Hola a todos!

Hoy, 14 de agosto (sí, lo más seguro es que no se publique hoy mismo la entrada, pero me apetecía poner la fecha de este gran acontecimiento) se me ha ocurrido empezar a escribir esta entrada en el blog, deteniéndome un poco a hablar sobre mi experiencia con el clásico de los clásicos, al menos en lo que a castellano se refiere.

Sí, sí. Este año, el vigésimo quinto de mi vida, por fin he leído El Quijote.

A día de hoy, aún no he terminado con el segundo libro, publicado en 1615, pero sí puedo compartir mi experiencia con la primera parte de la novela. Sin embargo, debo decir antes de ahondar un poco más en el asunto, que muchos van a considerar que he hecho trampa y que no he leído el Quijote en realidad.

Para explicar esto un poco mejor, me remontaré a hace unos años, cuando leyendo Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, descubrí en Goodreads un montón de reseñas que criticaban lo difícil que es leer y comprender por completo su significado las obras de este autor si se es anglosajón y lo lees en su edición original. Me acuerdo también que en una de las reseñas hablaban sobre lo injusto que era tener que leer en el inglés del siglo XVII mientras que podían perfectamente leer El Quijote en su inglés más actual. Este simple comentario fue el que me hizo comprender que no es justo para ellos ni para nosotros, tener que enfrentarnos a las obras más clásicas de nuestra lengua en un lenguaje bastante alejado al que se usa en nuestros días. No ya sólo alejado de nuestro registro más coloquial, sino incluso del formal. Pensé que era una lástima que no pudieran pasar un buen rato leyendo las obras de teatro de uno de los más célebres autores ingleses, al igual que nosotros los hispanohablantes también tenemos nuestro propio Goliat. Recuerdo pensar entonces: ojalá tradujeran El Quijote. Y años más tarde, ahí estaba, en mis manos, El Quijote traducido al castellano moderno por Andrés Trapiello.

elquijotetrapiello-e1502867898632.jpgAntes de seguir con mis aventuras de lectora andante, quiero recalcar que no soy filóloga, ni pretendo darme aires de entendida, sólo quiero transmitir lo que ha supuesto para mí poder acercarme a esta obra que nunca pensé que tendría el valor de leer.

Sumergirme en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605), salir indemne de la contienda y, sobre todo, no haber querido tirar el libro por la ventana, ha sido toda una experiencia para mí. Reconozco que cuanto más me acercaba al final de la primera novela, más me desesperaban las peroratas del caballero, la mayoría sin atractivo para mí y llenas de divagaciones ya leídas una y otra vez en el transcurso de la narración.

La estructura tampoco se me antojó muy amigable, puesto que la mayoría de los capítulos son muy cortos y prácticamente autoconclusivos, lo que por un lado me resultaba muy cómodo para no perder el hilo de la historia, pero por el otro me cansaba un poco, debido a que no sentía que tuviera un ritmo constante, sino que estaba lleno de presentaciones, nudos y desenlaces.

Sin embargo, a medida que avanzaban las aventuras, también empezaron a aparecer ciertos personajes, que eran a su vez protagonistas de historias de mucha más duración, como pueden ser Cardenio, Luscinda, Fernando y Dorotea (sus capítulos fueron un respiro en la lectura), el cautivo (cuya historia se entrelaza con la anterior) o incluso Cervantes añade una de sus novelas ejemplares a la narración, a modo de libro que leen los protagonistas en una venta con el fin de pasar una velada entretenida y agradable.

Con estas cosas a su favor, y aquellas otras en contra, sería posible pensar que es una novela que no me ha gustado. Eso sería erróneo, más acertado sería decir que no me ha entusiasmado y eso puede ser por varias razones.

Reconozco que como lectora en el siglo XXI, estoy acostumbrada otro tipo de ritmos, historias y personajes. Es muy posible que esto haya influenciado en mayor parte mis sensaciones. Además, debo decir que pensaba que la novela, una vez quitada la traba del lenguaje en desuso, tendría mayor agilidad, y las aventuras serían todas divertidas. Pero llegó un punto en el que me cansaba de ver siempre a nuestro caballero andante mordiendo el polvo. Además, siendo honesta, pocas de estas me resultaban graciosas.

Sin embargo, algo que me sorprendió para bien es que de la obra sabía mucho menos de lo que yo creía. Mis conocimientos sobre el Quijote se limitaban a saber que Dulcinea era su amada, que Sancho era un escudero fiel y cuerdo (cabe decir que no me lo parece ya), el suceso de los molinos y la noche de la vela de las armas al nombrarse caballero. ¡Cuánto me sorprendió ver que todo aquello a lo que reducía a esta obra ocurría antes incluso de llegar a la página 100 de la novela! Que, dicho sea de paso, no creo que sea una casualidad, supongo que entenderéis a lo que me refiero.

Antes de terminar esta entrada, quiero en cierto modo dar las gracias a Andrés Trapiello. Gracias por haberse atrevido a traducir una de las obras más importantes de nuestra literatura, sabiendo a ciencia cierta que habría muchos que intentarían no sólo echar por tierra su trabajo, sino menospreciar a los lectores que no tienen un manejo tan experto en lo que era nuestra lengua hace 400 años.

Siempre he opinado que no hablamos ni escribimos igual que lo hacía Cervantes, y considero que decir que esta traducción le quita todo su significado es estar un poco desacertado. Habría que juzgar más bien el nivel de la traducción como tal, no la traducción como si fuera una adaptación, que es como la están tratando. Muchos consideran esto un sacrilegio a la obra con mayúsculas de la literatura española, pero algo hay que plantearse cuando la mayoría de los españoles hemos tenido pesadillas con los exámenes sobre esta obra y la mayoría sin haber tenido que enfrentarse al original.

¿Muchos opinarán que no he leído El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha? Pues seguramente sí. ¿Me importa? Realmente no. He descubierto una novela que de otra forma no hubiera podido, o que quizás no habría apreciado con todos los matices, ocupada más en la lectura de enfarragosos apéndices o notas al pie de página para entender el significado. Tenía claro que cuando finalmente llegara el momento de leer esta novela, no querría adaptaciones para niños o adolescentes, condensadas y sin forma ni concierto, como ya me habían dado a leer en mis años de educación secundaria. Este libro no es una adaptación, es una traducción. No, no es el original, pero tampoco sé leer en otro idioma que no sea español e inglés (este último a un nivel medio, ni siquiera avanzado), y no por ello voy a perderme grandes obras como Ana Karenina, La historia interminable o La Ilíada.

En resumen: ha sido un gran viaje poder introducirme en esta novela. Ha sido un poco difícil, lo reconozco, pero sentía que era algo que quería y debía hacer. Pese a que esta primera parte no ha terminado de hacerme sentir todo lo que yo creía que sentiría con esta novela, he estado leyendo opiniones sobre la segunda parte y la mayoría coinciden en que la segunda y última parte de esta historia es realmente apasionante. De momento puedo decir que me está gustando más, pero de eso ya os hablaré en otra de mis aventuras.

Engelsfors, de Mats Strandberg y Sara Bergmark

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Por fin he acabado esta saga.uk1

Recuerdo cómo el primer libro, El Círculo, me cautivó. Me enseñó que aun había fantasía juvenil que valía la pena. Jugaba con el arquetipo del viaje del héroe, pero de una forma más compleja a lo que nos estábamos malacostumbrando a leer. Me presentó a seis personajes principales femeninos, y ninguno de ellos era sólo una chica en apuros, al igual que tampoco eran insulsas, ni totalmente buenas, ni pecaban de saberlo todo y ser omnipotentes. Seis chicas adolescentes que se comportaban como tales y que poco a poco hacían frente a todos los retos que surgían de su nueva condición.

uk2Su continuación siguió impactándome porque, reconozcámoslo, cuesta encontrar una novela juvenil en el que haya tantas voces y tan bien diferenciadas a lo largo de todo el relato. Además, las segundas partes siempre generan ese miedo al pensar: “¿y si no es tan bueno como el primero?”. Con Fuego esto no sucedió. Las chicas cada vez evolucionaban más. Se narraban escenas difíciles y de un modo más explícito al que estamos acostumbrados, pero nunca buscando la emoción fácil (esa que parece que a veces nos roban a la fuerza), sino centrándose en los personajes y sus sentimientos. El grupo empezaba a hacerse más fuerte y, a la vez, las diferentes amenazas eran más peligrosas e impredecibles.

Estos dos primeros libros los leí con muy poco espacio entre ellos. Sin embargo, hasta tres años después de leer El Círculo, no he podido terminar la saga. ¿Qué ocurrió? La editorial española decidió dejar el último libro sin publicar. Afortunadamente, las editoriales anglosajonas no siguieron su ejemplo y completaron la publicación de la saga. En inglés, evidentemente.

9780099568575Una tarde estaba buceando en busca de citas por mi antiguo blog (actualmente cerrado y privado) y, saltando de enlace en enlace, llegué a reseñas de La Llave (título que habría tenido el 3er libro de haber sido traducido al español). Concretamente me topé con esta reseña en GR por parte de Cristina Leitón en el que hablaba del final de la saga (y creo que también algún vídeo, pero no lo encuentro). Su comentario fue el que me hizo decidir que este verano sería cuando por fin terminara esta saga.

Los que hayáis leído los primeros libros, sabéis que no son especialmente cortos, y el último tiene la friolera de 864 páginas -en inglés-. No lo negaré. No ha sido una lectura especialmente fácil, pero creo que si ya habéis leído algún libro juvenil en este idioma, podréis comprender casi la totalidad del texto. Evidentemente, si podéis leer sueco, no hace falta que diga más, jaja.

Así que me armé de valor y, para que no me pillara de sorpresa el vocabulario, empecé a leer la trilogía desde el principio. Poco a poco me volví a sumergir en un pequeño pueblo sueco, ya en decadencia, acompañada de grandes personajes: Rebecka, Minoo, Linnea, Vanessa, Anna-Karin, Ida, Adriana, Gustaf, Viktor, Clara, Olivia… Todos con su parte buena y mala, aunque sea en diferentes medidas. Si tuviera que destacar a alguno de ellos, me quedaría con la inteligencia de Minoo, la valentía de Linnea, aunque ella misma no crea que la tiene, y el amor que siente Vanessa hacia sus seres queridos, haciéndola hablar de una forma clara y convirtiéndose en alguien capaz de todo por proteger a los demás.

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Juntas consiguen aprender a controlar los poderes, que más crecen cuanto más se acercan al desafío final. Se enfrentan a peligros, pero abundan los más mundanos frente a los mágicos, estando éstos últimos siempre al acecho, esperando el mejor momento para atacarlas.

Engelsfors es una trilogía que narra el viaje de seis heroínas muy reales. Cuenta con escenas, sobre todo en las últimas páginas del libro, que consiguieron erizarme la piel durante mucho tiempo -e incluso aún lo hacen-. Me emocionó sin pecar de sensiblero. Y me pilló con la guardia baja incluso cuando creía recordar toda la historia.

La saga al completo tiene un ritmo endiablado, nunca me sobró ni una frase. No hay relleno, puesto que cada escena ayuda a evolucionar a cada uno de los personajes hasta el encuentro final.

De verdad, si tenéis la oportunidad de leerla, no la dejéis escapar, porque es una joya.

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Bodas de Sangre, de Federico García Lorca (#LECLorca)

Hoy quiero compartir con vosotros un proyecto muy interesante, cuya existencia supe hace varios meses, y gracias al cual he podido descubrir a Lorca y esta obra tan interesante. Este proyecto se llama Lecturas Españolas Conjuntas, y viene de la mano de Cristina, de Ars longa vita brevis. Mes a mes iremos adentrándonos en obras de la literatura española, muy importantes en sus diferentes momentos históricos, con gran relevancia dentro de nuestras letras. No me explayaré más, pero si queréis saber el porqué del proyecto, será mejor que os lo cuente ella misma en su entrada de presentación del mismo.

Por último, quisiera recordar (o decir, si es que aún no lo he dicho por aquí), que este blog no es un blog literario, aunque de vez en cuando comparta lecturas, por lo que estos pequeños comentarios nunca tendrán “reseña” a su lado, puesto que no me veo capacitada por completo para realizar algo a la altura.

Dicho esto, pasemos al lío.

Bodas de sangre0001-bds

Cátedra, 2007 (primera publicación 1933).
176 páginas. ISBN: 9788437605609

El tema de esta obra surgió a raíz de una noticia aparecida en prensa: dos amantes se fugan en la víspera de la boda de la mujer con otro hombre. García Lorca convierte la realidad en poesía. En su obra hay ansias de libertad, andalucismo, simbolismo y muerte, pero por encima de todo, poesía dramática. Bodas de sangre es, pues, una obra teatral donde las desgarradas pasiones de sus protagonistas se desatan ante la atenta mirada de la luna, personificación hermosa y terrible de la muerte.

Ha sido una primera toma de contacto, tanto con las LEC, como con Lorca y su obra, muy amena, nada aburrida. Hacía mucho tiempo, casi dos años, que no leía teatro y ha sido realmente interesante. En algunos momentos y gracias a la intriga que me estaba generando la obra, quizás hasta he pecado de rápida, puesto que está llena de metáforas y simbolismo.

Todo esto requiere una confesión: me declaro muy mala lectora de poesía. Y muchos pasajes tienen, o bien esa forma, o mucha simbología o metáforas relacionadas con esta forma literaria. Es más, creo que me haría falta una segunda lectura (y quizás hasta tres o más) para lograr captar todos los matices de la obra, con una lectura más pausada, de forma que “saboreara” cada verso, empapándome de su significado. Pese a todo, no quiero decir que sea complicado leerla, en absoluto ha sido así en ningún momento.

Sin que lo anteriormente comentado sea una tara, la lectura ha sido realmente atrapante. Sin embargo, me ha faltado ver un poco más del trasfondo de algunos personajes, puesto que la mayoría son eclipsados por el gran personaje que es la Madre, y a veces también Leonardo, quien pese a su oscuridad me ha parecido un personaje magnífico. Evidentemente, tampoco se puede pedir que el nivel de desarrollo explícito de un personaje en una obra de teatro sea igual que en una novela. Seguramente los directores tienen mucho que añadir sobre cada uno de ellos, para terminar de darles el toque final en cada una de las representaciones.

Volviendo al libreto en sí, me ha gustado especialmente que en esta historia no haya claros ni oscuros. Que incluso el final sea claramente ambiguo, que nunca se sepa realmente si podías confiar en la Novia en uno otro pasaje (SPOILER Concretamente en el de Leonardo en el bosque o en el que tiene al final junto a la Madre. ¿A quién de los dos quería realmente? Quizás lo único que importa es que ahora, tanto Madre como Novia, están solas y, con toda probabilidad, lo seguirán el resto de sus vidas. FIN SPOILER).

En resumen: Bodas de Sangre ha sido una lectura muy grata, además de apasionante y con un claro y marcado estilo poético, algo a lo que no estoy acostumbrada y que quizás me ha impedido captar por completo toda la simbología de la obra. Si no conocéis la historia, dejaos cautivar por las palabras de García Lorca, y que os traslade a una Andalucía muy tradicional de principios del siglo XX, llena de chismes, venganza y duelo, de pasión, dolor y sangre. No os arrepentiréis.

Demasiadas pantallas

Trabajo como programadora 7 horas al día. Probablemente, entre las horas que paso viendo vídeos en Youtube, revisando grupos de planificación en Facebook, mi tl en Twitter, y las ocasiones en las que juego al ordenador (me da por temporadas), añada alrededor de unas 2 horas de media al tiempo que paso conectada a una pantalla esos días.

9 horas diarias mirando a una pantalla. A veces incluso me atrevería a decir que unas 11 o 12, dependiendo de si veo la tele, una serie o una película en Netflix o si me pongo a estudiar el carnet de conducir.

Todas esas horas dedico entre semana a estar pegada o casi pegada a una pantalla de ordenador o móvil. De ahí que no sea extraño que los fines de semana prácticamente huya despavorida del ordenador.

Lo mismo me pasa en las vacaciones, cuando salgo con mis amigos o cuando voy a ver un concierto. Si me acompañáis en alguna de estas ocasiones, notaréis que no suelo sacar fotos a lo que como, ni a lo que veo, ni al sitio en el que estoy. Si lo hago, es para compartirlo con alguien que me gustaría que estuviera allí conmigo o que viera lo mismo que yo. Sin embargo, nunca me veréis estar más al tanto del encuadre de un vídeo de mi cantante favorito o de ponerle un filtro al castillo que acabo de fotografiar con mi móvil.

No quiero estar pendiente de ver mi vida a través de una pantalla. No quiero gastar un precioso momento en grabar un vídeo o hacer una foto para que simplemente estén en el móvil y no volverlos a mirar jamás. La razón es que nunca se verá ni sentirá mejor que en el momento que malgasté para obtener ese “recuerdo”.

Si estoy atenta a mi pantalla, nunca podré recordar cómo me puso la piel de gallina mi cantante favorito. Quizás ni siquiera logre rememorar lo ofuscada que estaba con el zoom o lo movido que salió todo, porque nunca veré esa grabación. Tampoco recordaré lo grande que era ese castillo si ni siquiera me detuve a admirarlo a la sombra de sus piedras y sentirme tan pequeña ante su enormidad y antigüedad.

Veré esa foto o ese vídeo, si me acuerdo de que existe, y no sentiré casi nada. Porque nunca me detuve a saborear el momento, a dejarme embriagar por la situación, a que lograra tocarme por completo.

Por eso no tengo apenas fotos o vídeos. No quiero tener esa sensación en mi vida. Si grabo un vídeo, saco una foto o incluso saco una nota de audio, será para compartir ese momento, no para vivirlo a través de una pantalla.

Porque ya hay demasiadas pantallas en mi vida.

La señorita de verde

Siempre he soñado con hacer cosas bonitas. Pero nunca me he dado cuenta de que, para ello, primero hay que hacer cosas feas.

Sé que es una frase extraña para abrir mi nueva casa en la red, pero es algo que me define totalmente. No sé si es perfeccionismo o si simplemente es otra forma de soñar. Soñar con. Soñar, pero no realizar. Sí, probablemente sea eso.

Ha llegado el momento de dejar todas esas excusas atrás. De abrir ese espacio que llevo tantos meses esperando. De volver a compartir, de volver a crear. De dejar de soñar y convertir todo eso en realidad.

Bienvenidos a mi humilde morada.

– Os invito a conocerme a mí y al blog un poquito más –