Mi experiencia con ‘El Clásico’ (y no, no es un partido)

¡Hola a todos!

Hoy, 14 de agosto (sí, lo más seguro es que no se publique hoy mismo la entrada, pero me apetecía poner la fecha de este gran acontecimiento) se me ha ocurrido empezar a escribir esta entrada en el blog, deteniéndome un poco a hablar sobre mi experiencia con el clásico de los clásicos, al menos en lo que a castellano se refiere.

Sí, sí. Este año, el vigésimo quinto de mi vida, por fin he leído El Quijote.

A día de hoy, aún no he terminado con el segundo libro, publicado en 1615, pero sí puedo compartir mi experiencia con la primera parte de la novela. Sin embargo, debo decir antes de ahondar un poco más en el asunto, que muchos van a considerar que he hecho trampa y que no he leído el Quijote en realidad.

Para explicar esto un poco mejor, me remontaré a hace unos años, cuando leyendo Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, descubrí en Goodreads un montón de reseñas que criticaban lo difícil que es leer y comprender por completo su significado las obras de este autor si se es anglosajón y lo lees en su edición original. Me acuerdo también que en una de las reseñas hablaban sobre lo injusto que era tener que leer en el inglés del siglo XVII mientras que podían perfectamente leer El Quijote en su inglés más actual. Este simple comentario fue el que me hizo comprender que no es justo para ellos ni para nosotros, tener que enfrentarnos a las obras más clásicas de nuestra lengua en un lenguaje bastante alejado al que se usa en nuestros días. No ya sólo alejado de nuestro registro más coloquial, sino incluso del formal. Pensé que era una lástima que no pudieran pasar un buen rato leyendo las obras de teatro de uno de los más célebres autores ingleses, al igual que nosotros los hispanohablantes también tenemos nuestro propio Goliat. Recuerdo pensar entonces: ojalá tradujeran El Quijote. Y años más tarde, ahí estaba, en mis manos, El Quijote traducido al castellano moderno por Andrés Trapiello.

elquijotetrapiello-e1502867898632.jpgAntes de seguir con mis aventuras de lectora andante, quiero recalcar que no soy filóloga, ni pretendo darme aires de entendida, sólo quiero transmitir lo que ha supuesto para mí poder acercarme a esta obra que nunca pensé que tendría el valor de leer.

Sumergirme en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605), salir indemne de la contienda y, sobre todo, no haber querido tirar el libro por la ventana, ha sido toda una experiencia para mí. Reconozco que cuanto más me acercaba al final de la primera novela, más me desesperaban las peroratas del caballero, la mayoría sin atractivo para mí y llenas de divagaciones ya leídas una y otra vez en el transcurso de la narración.

La estructura tampoco se me antojó muy amigable, puesto que la mayoría de los capítulos son muy cortos y prácticamente autoconclusivos, lo que por un lado me resultaba muy cómodo para no perder el hilo de la historia, pero por el otro me cansaba un poco, debido a que no sentía que tuviera un ritmo constante, sino que estaba lleno de presentaciones, nudos y desenlaces.

Sin embargo, a medida que avanzaban las aventuras, también empezaron a aparecer ciertos personajes, que eran a su vez protagonistas de historias de mucha más duración, como pueden ser Cardenio, Luscinda, Fernando y Dorotea (sus capítulos fueron un respiro en la lectura), el cautivo (cuya historia se entrelaza con la anterior) o incluso Cervantes añade una de sus novelas ejemplares a la narración, a modo de libro que leen los protagonistas en una venta con el fin de pasar una velada entretenida y agradable.

Con estas cosas a su favor, y aquellas otras en contra, sería posible pensar que es una novela que no me ha gustado. Eso sería erróneo, más acertado sería decir que no me ha entusiasmado y eso puede ser por varias razones.

Reconozco que como lectora en el siglo XXI, estoy acostumbrada otro tipo de ritmos, historias y personajes. Es muy posible que esto haya influenciado en mayor parte mis sensaciones. Además, debo decir que pensaba que la novela, una vez quitada la traba del lenguaje en desuso, tendría mayor agilidad, y las aventuras serían todas divertidas. Pero llegó un punto en el que me cansaba de ver siempre a nuestro caballero andante mordiendo el polvo. Además, siendo honesta, pocas de estas me resultaban graciosas.

Sin embargo, algo que me sorprendió para bien es que de la obra sabía mucho menos de lo que yo creía. Mis conocimientos sobre el Quijote se limitaban a saber que Dulcinea era su amada, que Sancho era un escudero fiel y cuerdo (cabe decir que no me lo parece ya), el suceso de los molinos y la noche de la vela de las armas al nombrarse caballero. ¡Cuánto me sorprendió ver que todo aquello a lo que reducía a esta obra ocurría antes incluso de llegar a la página 100 de la novela! Que, dicho sea de paso, no creo que sea una casualidad, supongo que entenderéis a lo que me refiero.

Antes de terminar esta entrada, quiero en cierto modo dar las gracias a Andrés Trapiello. Gracias por haberse atrevido a traducir una de las obras más importantes de nuestra literatura, sabiendo a ciencia cierta que habría muchos que intentarían no sólo echar por tierra su trabajo, sino menospreciar a los lectores que no tienen un manejo tan experto en lo que era nuestra lengua hace 400 años.

Siempre he opinado que no hablamos ni escribimos igual que lo hacía Cervantes, y considero que decir que esta traducción le quita todo su significado es estar un poco desacertado. Habría que juzgar más bien el nivel de la traducción como tal, no la traducción como si fuera una adaptación, que es como la están tratando. Muchos consideran esto un sacrilegio a la obra con mayúsculas de la literatura española, pero algo hay que plantearse cuando la mayoría de los españoles hemos tenido pesadillas con los exámenes sobre esta obra y la mayoría sin haber tenido que enfrentarse al original.

¿Muchos opinarán que no he leído El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha? Pues seguramente sí. ¿Me importa? Realmente no. He descubierto una novela que de otra forma no hubiera podido, o que quizás no habría apreciado con todos los matices, ocupada más en la lectura de enfarragosos apéndices o notas al pie de página para entender el significado. Tenía claro que cuando finalmente llegara el momento de leer esta novela, no querría adaptaciones para niños o adolescentes, condensadas y sin forma ni concierto, como ya me habían dado a leer en mis años de educación secundaria. Este libro no es una adaptación, es una traducción. No, no es el original, pero tampoco sé leer en otro idioma que no sea español e inglés (este último a un nivel medio, ni siquiera avanzado), y no por ello voy a perderme grandes obras como Ana Karenina, La historia interminable o La Ilíada.

En resumen: ha sido un gran viaje poder introducirme en esta novela. Ha sido un poco difícil, lo reconozco, pero sentía que era algo que quería y debía hacer. Pese a que esta primera parte no ha terminado de hacerme sentir todo lo que yo creía que sentiría con esta novela, he estado leyendo opiniones sobre la segunda parte y la mayoría coinciden en que la segunda y última parte de esta historia es realmente apasionante. De momento puedo decir que me está gustando más, pero de eso ya os hablaré en otra de mis aventuras.

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Engelsfors, de Mats Strandberg y Sara Bergmark

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Por fin he acabado esta saga.uk1

Recuerdo cómo el primer libro, El Círculo, me cautivó. Me enseñó que aun había fantasía juvenil que valía la pena. Jugaba con el arquetipo del viaje del héroe, pero de una forma más compleja a lo que nos estábamos malacostumbrando a leer. Me presentó a seis personajes principales femeninos, y ninguno de ellos era sólo una chica en apuros, al igual que tampoco eran insulsas, ni totalmente buenas, ni pecaban de saberlo todo y ser omnipotentes. Seis chicas adolescentes que se comportaban como tales y que poco a poco hacían frente a todos los retos que surgían de su nueva condición.

uk2Su continuación siguió impactándome porque, reconozcámoslo, cuesta encontrar una novela juvenil en el que haya tantas voces y tan bien diferenciadas a lo largo de todo el relato. Además, las segundas partes siempre generan ese miedo al pensar: “¿y si no es tan bueno como el primero?”. Con Fuego esto no sucedió. Las chicas cada vez evolucionaban más. Se narraban escenas difíciles y de un modo más explícito al que estamos acostumbrados, pero nunca buscando la emoción fácil (esa que parece que a veces nos roban a la fuerza), sino centrándose en los personajes y sus sentimientos. El grupo empezaba a hacerse más fuerte y, a la vez, las diferentes amenazas eran más peligrosas e impredecibles.

Estos dos primeros libros los leí con muy poco espacio entre ellos. Sin embargo, hasta tres años después de leer El Círculo, no he podido terminar la saga. ¿Qué ocurrió? La editorial española decidió dejar el último libro sin publicar. Afortunadamente, las editoriales anglosajonas no siguieron su ejemplo y completaron la publicación de la saga. En inglés, evidentemente.

9780099568575Una tarde estaba buceando en busca de citas por mi antiguo blog (actualmente cerrado y privado) y, saltando de enlace en enlace, llegué a reseñas de La Llave (título que habría tenido el 3er libro de haber sido traducido al español). Concretamente me topé con esta reseña en GR por parte de Cristina Leitón en el que hablaba del final de la saga (y creo que también algún vídeo, pero no lo encuentro). Su comentario fue el que me hizo decidir que este verano sería cuando por fin terminara esta saga.

Los que hayáis leído los primeros libros, sabéis que no son especialmente cortos, y el último tiene la friolera de 864 páginas -en inglés-. No lo negaré. No ha sido una lectura especialmente fácil, pero creo que si ya habéis leído algún libro juvenil en este idioma, podréis comprender casi la totalidad del texto. Evidentemente, si podéis leer sueco, no hace falta que diga más, jaja.

Así que me armé de valor y, para que no me pillara de sorpresa el vocabulario, empecé a leer la trilogía desde el principio. Poco a poco me volví a sumergir en un pequeño pueblo sueco, ya en decadencia, acompañada de grandes personajes: Rebecka, Minoo, Linnea, Vanessa, Anna-Karin, Ida, Adriana, Gustaf, Viktor, Clara, Olivia… Todos con su parte buena y mala, aunque sea en diferentes medidas. Si tuviera que destacar a alguno de ellos, me quedaría con la inteligencia de Minoo, la valentía de Linnea, aunque ella misma no crea que la tiene, y el amor que siente Vanessa hacia sus seres queridos, haciéndola hablar de una forma clara y convirtiéndose en alguien capaz de todo por proteger a los demás.

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Juntas consiguen aprender a controlar los poderes, que más crecen cuanto más se acercan al desafío final. Se enfrentan a peligros, pero abundan los más mundanos frente a los mágicos, estando éstos últimos siempre al acecho, esperando el mejor momento para atacarlas.

Engelsfors es una trilogía que narra el viaje de seis heroínas muy reales. Cuenta con escenas, sobre todo en las últimas páginas del libro, que consiguieron erizarme la piel durante mucho tiempo -e incluso aún lo hacen-. Me emocionó sin pecar de sensiblero. Y me pilló con la guardia baja incluso cuando creía recordar toda la historia.

La saga al completo tiene un ritmo endiablado, nunca me sobró ni una frase. No hay relleno, puesto que cada escena ayuda a evolucionar a cada uno de los personajes hasta el encuentro final.

De verdad, si tenéis la oportunidad de leerla, no la dejéis escapar, porque es una joya.

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Bodas de Sangre, de Federico García Lorca (#LECLorca)

Hoy quiero compartir con vosotros un proyecto muy interesante, cuya existencia supe hace varios meses, y gracias al cual he podido descubrir a Lorca y esta obra tan interesante. Este proyecto se llama Lecturas Españolas Conjuntas, y viene de la mano de Cristina, de Ars longa vita brevis. Mes a mes iremos adentrándonos en obras de la literatura española, muy importantes en sus diferentes momentos históricos, con gran relevancia dentro de nuestras letras. No me explayaré más, pero si queréis saber el porqué del proyecto, será mejor que os lo cuente ella misma en su entrada de presentación del mismo.

Por último, quisiera recordar (o decir, si es que aún no lo he dicho por aquí), que este blog no es un blog literario, aunque de vez en cuando comparta lecturas, por lo que estos pequeños comentarios nunca tendrán “reseña” a su lado, puesto que no me veo capacitada por completo para realizar algo a la altura.

Dicho esto, pasemos al lío.

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Cátedra, 2007 (primera publicación 1933).
176 páginas. ISBN: 9788437605609

El tema de esta obra surgió a raíz de una noticia aparecida en prensa: dos amantes se fugan en la víspera de la boda de la mujer con otro hombre. García Lorca convierte la realidad en poesía. En su obra hay ansias de libertad, andalucismo, simbolismo y muerte, pero por encima de todo, poesía dramática. Bodas de sangre es, pues, una obra teatral donde las desgarradas pasiones de sus protagonistas se desatan ante la atenta mirada de la luna, personificación hermosa y terrible de la muerte.

Ha sido una primera toma de contacto, tanto con las LEC, como con Lorca y su obra, muy amena, nada aburrida. Hacía mucho tiempo, casi dos años, que no leía teatro y ha sido realmente interesante. En algunos momentos y gracias a la intriga que me estaba generando la obra, quizás hasta he pecado de rápida, puesto que está llena de metáforas y simbolismo.

Todo esto requiere una confesión: me declaro muy mala lectora de poesía. Y muchos pasajes tienen, o bien esa forma, o mucha simbología o metáforas relacionadas con esta forma literaria. Es más, creo que me haría falta una segunda lectura (y quizás hasta tres o más) para lograr captar todos los matices de la obra, con una lectura más pausada, de forma que “saboreara” cada verso, empapándome de su significado. Pese a todo, no quiero decir que sea complicado leerla, en absoluto ha sido así en ningún momento.

Sin que lo anteriormente comentado sea una tara, la lectura ha sido realmente atrapante. Sin embargo, me ha faltado ver un poco más del trasfondo de algunos personajes, puesto que la mayoría son eclipsados por el gran personaje que es la Madre, y a veces también Leonardo, quien pese a su oscuridad me ha parecido un personaje magnífico. Evidentemente, tampoco se puede pedir que el nivel de desarrollo explícito de un personaje en una obra de teatro sea igual que en una novela. Seguramente los directores tienen mucho que añadir sobre cada uno de ellos, para terminar de darles el toque final en cada una de las representaciones.

Volviendo al libreto en sí, me ha gustado especialmente que en esta historia no haya claros ni oscuros. Que incluso el final sea claramente ambiguo, que nunca se sepa realmente si podías confiar en la Novia en uno otro pasaje (SPOILER Concretamente en el de Leonardo en el bosque o en el que tiene al final junto a la Madre. ¿A quién de los dos quería realmente? Quizás lo único que importa es que ahora, tanto Madre como Novia, están solas y, con toda probabilidad, lo seguirán el resto de sus vidas. FIN SPOILER).

En resumen: Bodas de Sangre ha sido una lectura muy grata, además de apasionante y con un claro y marcado estilo poético, algo a lo que no estoy acostumbrada y que quizás me ha impedido captar por completo toda la simbología de la obra. Si no conocéis la historia, dejaos cautivar por las palabras de García Lorca, y que os traslade a una Andalucía muy tradicional de principios del siglo XX, llena de chismes, venganza y duelo, de pasión, dolor y sangre. No os arrepentiréis.

Demasiadas pantallas

Trabajo como programadora 7 horas al día. Probablemente, entre las horas que paso viendo vídeos en Youtube, revisando grupos de planificación en Facebook, mi tl en Twitter, y las ocasiones en las que juego al ordenador (me da por temporadas), añada alrededor de unas 2 horas de media al tiempo que paso conectada a una pantalla esos días.

9 horas diarias mirando a una pantalla. A veces incluso me atrevería a decir que unas 11 o 12, dependiendo de si veo la tele, una serie o una película en Netflix o si me pongo a estudiar el carnet de conducir.

Todas esas horas dedico entre semana a estar pegada o casi pegada a una pantalla de ordenador o móvil. De ahí que no sea extraño que los fines de semana prácticamente huya despavorida del ordenador.

Lo mismo me pasa en las vacaciones, cuando salgo con mis amigos o cuando voy a ver un concierto. Si me acompañáis en alguna de estas ocasiones, notaréis que no suelo sacar fotos a lo que como, ni a lo que veo, ni al sitio en el que estoy. Si lo hago, es para compartirlo con alguien que me gustaría que estuviera allí conmigo o que viera lo mismo que yo. Sin embargo, nunca me veréis estar más al tanto del encuadre de un vídeo de mi cantante favorito o de ponerle un filtro al castillo que acabo de fotografiar con mi móvil.

No quiero estar pendiente de ver mi vida a través de una pantalla. No quiero gastar un precioso momento en grabar un vídeo o hacer una foto para que simplemente estén en el móvil y no volverlos a mirar jamás. La razón es que nunca se verá ni sentirá mejor que en el momento que malgasté para obtener ese “recuerdo”.

Si estoy atenta a mi pantalla, nunca podré recordar cómo me puso la piel de gallina mi cantante favorito. Quizás ni siquiera logre rememorar lo ofuscada que estaba con el zoom o lo movido que salió todo, porque nunca veré esa grabación. Tampoco recordaré lo grande que era ese castillo si ni siquiera me detuve a admirarlo a la sombra de sus piedras y sentirme tan pequeña ante su enormidad y antigüedad.

Veré esa foto o ese vídeo, si me acuerdo de que existe, y no sentiré casi nada. Porque nunca me detuve a saborear el momento, a dejarme embriagar por la situación, a que lograra tocarme por completo.

Por eso no tengo apenas fotos o vídeos. No quiero tener esa sensación en mi vida. Si grabo un vídeo, saco una foto o incluso saco una nota de audio, será para compartir ese momento, no para vivirlo a través de una pantalla.

Porque ya hay demasiadas pantallas en mi vida.

La señorita de verde

Siempre he soñado con hacer cosas bonitas. Pero nunca me he dado cuenta de que, para ello, primero hay que hacer cosas feas.

Sé que es una frase extraña para abrir mi nueva casa en la red, pero es algo que me define totalmente. No sé si es perfeccionismo o si simplemente es otra forma de soñar. Soñar con. Soñar, pero no realizar. Sí, probablemente sea eso.

Ha llegado el momento de dejar todas esas excusas atrás. De abrir ese espacio que llevo tantos meses esperando. De volver a compartir, de volver a crear. De dejar de soñar y convertir todo eso en realidad.

Bienvenidos a mi humilde morada.

– Os invito a conocerme a mí y al blog un poquito más –